
En el calor del hogar, a la hora del repaso de la clase de geografía, la imaginación discurre por los hilos de agua que libera la montaña para formar, monte abajo, los ríos caudalosos que tienen ancladas sus raíces en la Cordillera de Los Andes. Son los tiempos en los que sólo es dado sentir el alma e imaginar y paisaje de una geografía gélida y exuberante; jocunda y fértil; silente y bulliciosa; temerosa y audaz; abigarrada y ocre; monótona y armónica…
El entusiasmo del aula se traslada al hogar cuando los datos, echados al pizarrón por puro compromiso, estimulan curiosidad e imaginación por la existencia de gente como uno que también podríar estar imaginando esta otra parte del país, tan diverso como compacto y monolítico en su cultura de milenios.